Se trata de una infraestructura de 840 paneles fotovoltaicos asentados sobre una plataforma flotante, muy resistente, anclada al suelo granítico de la presa. De hecho, se ubicó en el Alto Rabagão por ser el embalse portugués que afronta las condiciones climatológicas más adversas: vientos de hasta 189 kilómetros por hora y olas de seis metros de altura.
Todo lo aprendido en este lugar ha servido para aprobar la construcción de otra instalación pionera a mayor escala junto a la central hidroeléctrica del embalse de Alqueva, donde además de producir energía, se probarán distintas tecnologías de almacenamiento de la misma. Con 12.000 paneles fotovoltaicos y 25.000 flotadores, el nuevo parque flotante entrará en funcionamiento a finales de año y tendrá una capacidad de producción anual de 7 GWh, suficiente para abastecer el 25 % de las necesidades energéticas de las 22.000 personas que viven en la región, según han comunicado fuentes oficiales de EDP. Asimismo, en Alqueva se ha logrado una plataforma hecha con un innovador material sostenible, compuesto de corcho y polímeros reciclados, creado a partir de una larga e intensa colaboración con la empresa lusa Corticeira Amorim y la española Isigenere.
En paralelo, EDP sigue explorando el prometedor potencial de la energía eólica en alta mar para producir hidrógeno de forma sostenible. Para ello, tras el proyecto piloto en Ribatejo, EDP ahora desarrolla el proyecto Behyond, una colaboración entre Portugal y Noruega para estudiar la viabilidad de la producción de hidrógeno verde en alta mar.
«No intentes cambiar un sistema, construye uno nuevo que haga que el anterior se vuelva obsoleto», solía decir el inventor y arquitecto estadounidense Buckminster Fuller. Eso es exactamente lo que persiguen estas innovadoras iniciativas: cambiar el futuro hoy.